Buenas tardes a todos.
Gracias por estar una vez más en este espacio de psicoanálisis y salud mental. Como siempre, este programa lo hacemos a partir de las preguntas de nuestros seguidores, porque eso ya es, en sí mismo, psicoanálisis: alguien pregunta, alguien se interesa, alguien desea saber algo sobre su vida.
Hoy vamos a hablar de un tema propuesto por uno de vosotros: la cadena de significantes y el objeto a.
Puede parecer algo muy complicado, pero veréis que no lo es tanto, porque en realidad tiene que ver con algo que os pasa todos los días.
Vamos a empezar por algo sencillo.
Todos nosotros vivimos hablando. Incluso cuando no hablamos, estamos hablando por dentro. Pensamos, recordamos, imaginamos, nos contamos historias. Es decir, estamos en un discurso permanente.
El psicoanálisis parte de una idea fundamental:
No somos dueños de lo que decimos.
Muchas veces creemos que hablamos, pero en realidad somos hablados.
El lenguaje nos anticipa y nosotros entramos en escena después de las palabras. Las palabras nos representan: un significante representa a un sujeto para otro significante.
¿No os ha pasado alguna vez que decís algo y luego pensáis: “¿Por qué he dicho eso?”
¿O que repetís siempre el mismo tipo de conflictos, de relaciones, de fracasos?
Ahí aparece lo que Lacan llamó la cadena de significantes.
¿Qué significa esto?
Que nuestras palabras no aparecen solas. Cada palabra está unida a otra, y a otra, y a otra. Como un collar. Como una cadena.
Por ejemplo:
alguien dice “trabajo”… y enseguida aparecen otras palabras: exigencia, dinero, miedo, padre, éxito, fracaso…
Cada persona tiene su propia cadena.
Cuando alguien viene a análisis y habla, lo que hacemos no es escuchar solo lo que dice de manera consciente. Escuchamos cómo una palabra lleva a otra.
Porque ahí está su historia.
Una paciente me decía:
“Estoy cansada”.
Le pregunto: ¿cansada de qué?
Dice: “De todo”.
Seguimos hablando… y aparece: su madre enferma, su responsabilidad, su miedo a fallar, su dificultad para decir que no.
La cadena empieza a desplegarse.
Y lo interesante es que esa cadena no es lógica ni racional.
Es inconsciente.
Por eso muchas veces no entendemos por qué sufrimos.
Porque lo que nos determina es esa cadena, lo que está entre las palabras que decimos.
lo que nos ha sido dicho, lo que hemos escuchado desde niños, lo que hemos interpretado de esas palabras. Como han quedado inscritas esas palabras en la cadena cuando entraron en el aparato psíquico.
Una frase de un padre, una mirada, un silencio…
Eso se inscribe en la cadena.
Y esa cadena organiza nuestra vida:
cómo amamos, cómo trabajamos, cómo enfermamos.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el deseo?
Todo.
Porque el deseo no es algo biológico.
El deseo nace en el lenguaje.
Deseamos lo que falta.
Deseamos lo que no tenemos.
Deseamos lo que el otro desea.
Y aquí aparece el famoso concepto de Lacan: el objeto a.
¿Qué es el objeto a?
No es un objeto real.
No es una persona.
No es una cosa.
Es aquello que sentimos que nos falta, pero que nunca logramos definir del todo ni alcanzar.
Por eso, cuando conseguimos algo que creíamos que nos haría felices, muchas veces no sucede.
Porque no era eso.
Por ejemplo:
“Cuando tenga pareja, seré feliz”.
La persona tiene pareja… y sigue insatisfecha.
“Cuando gane más dinero…”
Gana más… y sigue igual.
¿Por qué?
Porque el objeto del deseo no está en los objetos reales.
Está en la falta.
El objeto a es la causa del deseo.
Es lo que nos empuja a vivir, a trabajar, a crear, a amar.
Sin esa falta, no habría movimiento.
No habría arte, no habría ciencia, no habría empresas, no habría proyectos.
Por eso, cuando alguien deja de desear, se muere.
Es como si el objeto a desapareciera.
Nada interesa, nada moviliza.
Y aquí el psicoanálisis tiene algo muy potente que ofrecer.
Porque no intenta adaptar a la persona a la realidad, ni decirle qué tiene que hacer.
Trabajamos para producir sujetos deseantes.
Para que vuelva a estar en movimiento.
Y esto se hace hablando.
Pero no hablando como con un amigo.
Hablando de una manera muy particular.
En análisis, la persona dice lo que le viene, sin censura.
Y poco a poco, la cadena de significantes se despliega.
Aparecen repeticiones.
Aparecen lapsus.
Aparecen sueños.
Freud decía que los sueños son la vía regia de acceso al inconsciente.
Pero hoy podríamos decir que también lo son los errores, los olvidos, los síntomas.
Una persona que siempre llega tarde.
Otra que elige parejas imposibles.
Otra que enferma cuando está a punto de triunfar.
Todo eso habla.
Y el analista escucha.
Escucha para que el sujeto pueda conocer(se) y transformar(se).
Porque cuando uno escucha su propia cadena, algo cambia.
Se abre un espacio.
Ya no está completamente determinado por su pasado.
Puede elegir otras maneras.
Por eso el psicoanálisis no es solo para cuando uno está mal.
También es para crecer, para dirigir mejor la vida, para tomar decisiones con más libertad.
El objeto a, es una fuerza extraordinaria.
Permite trabajar, crear, amar.
Pero cuando uno está mal posicionado psíquicamente, puede sentir angustia, compulsión, insatisfacción permanente.
El análisis no elimina la falta.
Eso sería imposible.
Pero transforma la relación con la falta.
Deja de ser un vacío angustiante, y se convierte en motor.
Y aquí me gustaría que os preguntéis algo:
¿Qué es lo que os empuja realmente?
¿Qué repetís en vuestra vida?
¿Qué os falta?
Si siempre llegáis al mismo punto, no es casualidad.
El inconsciente insiste.
Y lo hace hasta que alguien lo escucha.
Por eso, si os sentís identificados con lo que estamos hablando, si sentís que algo se repite, que hay un malestar que no sabéis explicar, el psicoanálisis puede ayudaros.
Trabajo tanto de manera online como presencial en Madrid.
Podéis pedir cita por WhatsApp en el teléfono +34 664222008.
Porque a veces no se trata de cambiar la vida.
Se trata de entender la lógica inconsciente que la organiza.
Y cuando esa lógica cambia, la vida cambia.
Muchas gracias por estar hoy aquí.
Si os ha interesado este tema, dejad vuestras preguntas en comentarios para próximos programas.
Nos vemos la próxima semana en Espacio de psicoanálisis y salud mental.
Te espero.
Virginia Valdominos. Psicóloga y Psicoanalista del Grupo Cero
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