Una de las situaciones más frecuentes en cualquier proceso de transformación personal es la tendencia a abandonar precisamente cuando comienzan a aparecer los primeros resultados.
Ocurre en el trabajo, en los estudios, en el deporte, en las relaciones amorosas y también en los procesos terapéuticos. Una persona puede pasar meses deseando cambiar algo de su vida, reunir el valor para comenzar un tratamiento psicológico o un psicoanálisis y, cuando empieza a sentirse mejor o cuando aparecen los primeros movimientos importantes, surge la idea de detenerse.
A primera vista puede parecer una decisión razonable. “Ya estoy mejor”, “ahora tengo otras prioridades”, “más adelante continuaré”, “no puedo permitírmelo”. Sin embargo, muchas veces estas explicaciones encubren un fenómeno más profundo: la dificultad para sostener los cambios.
El cambio produce resistencia
Solemos pensar que las personas sufren porque no cambian. Sin embargo, desde el punto de vista psicoanalítico sabemos que cambiar también genera angustia.
Los síntomas, incluso aquellos que nos hacen sufrir, suelen formar parte de una determinada manera de vivir, de relacionarnos con los demás y de entender el mundo. Cuando una persona comienza a modificar esas posiciones, se encuentra ante algo desconocido.
Ya no se trata solamente de dejar atrás un problema, sino de construir una nueva manera de vivir.
Por eso, en ocasiones, cuando el tratamiento empieza a dar frutos, aparecen dudas, dificultades económicas inesperadas, falta de tiempo o una sensación de que ya no es necesario continuar. No siempre se trata de obstáculos reales. A veces son formas de resistencia frente a los cambios que comienzan a producirse.
El peligro de repetir siempre la misma historia
Muchas personas reconocen en su vida un patrón repetido: comienzan proyectos con entusiasmo y los abandonan antes de consolidarlos.
Empiezan estudios que no terminan, relaciones que no llegan a desarrollarse plenamente, actividades que abandonan cuando empiezan a exigir constancia o tratamientos que interrumpen cuando comienzan a mostrar resultados.
Con el tiempo, esta repetición genera frustración y una sensación de estancamiento. No porque falten capacidades, sino porque resulta difícil atravesar el período necesario para que los cambios se conviertan en algo estable.
La continuidad es una parte fundamental de cualquier proceso de crecimiento.
Los cambios importantes necesitan tiempo
Vivimos en una época que promete resultados inmediatos. Sin embargo, las transformaciones psíquicas profundas no obedecen a la lógica de la inmediatez.
Modificar formas de pensar, resolver conflictos inconscientes, elaborar duelos, transformar vínculos o disminuir síntomas como la ansiedad, la depresión, las fobias o las obsesiones requiere tiempo.
No porque el tratamiento sea lento por definición, sino porque el aparato psíquico necesita elaborar aquello que durante años o incluso décadas se ha ido construyendo.
Pretender resolver en unas semanas conflictos que llevan años organizando nuestra vida suele conducir a la decepción.
La continuidad como inversión en uno mismo
Muchas veces se piensa en el tratamiento psicológico únicamente como un gasto. Sin embargo, también puede entenderse como una inversión en la propia salud mental, en la calidad de vida, en las relaciones personales y en la capacidad para trabajar y disfrutar.
Esto no significa ignorar las limitaciones económicas reales que pueden existir. Al contrario. Cada persona debe valorar cuáles son sus posibilidades y encontrar una modalidad que pueda sostener en el tiempo.
En ocasiones puede ser preferible espaciar las sesiones antes que abandonar completamente el proceso. Lo importante es preservar una continuidad que permita consolidar los avances alcanzados.
Continuar para llegar más lejos
La cuestión no es simplemente sentirse mejor durante unas semanas o unos meses. La verdadera pregunta es qué vida queremos construir a largo plazo.
Los procesos de transformación requieren paciencia, trabajo y compromiso. Quien persevera suele descubrir que los cambios más importantes aparecen después de haber atravesado los momentos en los que parecía más fácil abandonar.
Porque, en muchas ocasiones, el verdadero progreso comienza precisamente cuando decidimos continuar allí donde antes siempre nos retirábamos.
Y quizás una de las mayores conquistas de una persona no sea comenzar algo nuevo, sino aprender a sostener aquello que verdaderamente le hace bien.
Si te reconoces en esta tendencia a abandonar aquello que puede hacerte bien, quizá sea el momento de comenzar un trabajo que te permita comprender qué se repite en tu vida y producir cambios duraderos.
Muchas gracias por acompañarme una semana más en Espacio de Psicoanálisis y Salud Mental.
Soy Virginia Valdominos, psicóloga y psicoanalista, y os espero en el próximo programa.
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