El retorno a Freud y las contribuciones de Miguel Oscar Menassa
Bienvenidos a un nuevo encuentro de Espacio de Psicoanálisis y Salud Mental.
Hoy responderemos a la pregunta de uno de nuestros seguidores:
«¿Por qué solo se reconoce la obra de Lacan en Psicoanálisis si tiene conceptos y técnicas diferentes?»
Es una pregunta muy interesante, porque nos permite reflexionar acerca de cómo se construye una ciencia y cómo progresa el conocimiento científico.
En primer lugar, es importante señalar que Jacques Lacan no puede entenderse sin Sigmund Freud. Aunque Lacan introdujo nuevos conceptos, nuevas formulaciones teóricas y una forma singular de pensar la práctica analítica, él mismo se definió siempre como un discípulo de Freud: “Ustedes serán lacanianos, les decía a sus discípulos, yo soy freudiano”.
De hecho, el eje central de toda su enseñanza fue lo que denominó «el retorno a Freud».
Cuando Lacan comienza a dictar sus seminarios, a partir de la década de 1950, el psicoanálisis atravesaba una crisis teórica. El movimiento postfreudiano se había desplazado progresivamente hacia posiciones que, a juicio de Lacan, desvirtuaban el descubrimiento freudiano, privilegiando aspectos adaptativos, psicologistas o biologicistas. Buena parte del desarrollo psicoanalítico de la época, especialmente bajo la influencia de las corrientes kleinianas y de la Psicología del Yo, había relegado la importancia de la palabra, del deseo inconsciente y del lenguaje.
Lacan consideró que Freud estaba siendo parcialmente siendo tergiversado y el psicoanálisis desviado. Por ello emprendió una lectura rigurosa de toda la obra freudiana, intentando rescatar la radicalidad del descubrimiento del inconsciente. Como él mismo afirmaba: «Freud es un acontecimiento del pensamiento».
Lacan relee a Freud apoyándose en disciplinas contemporáneas como la lingüística estructural, la filosofía, la antropología y las matemáticas.
Su tesis más conocida es que:
«El inconsciente está estructurado como un lenguaje».
¿Qué significa esto?
Significa que el inconsciente no es un depósito de contenidos ocultos ni una especie de sótano psíquico donde se guardan recuerdos reprimidos. El inconsciente habla. Se manifiesta en sueños, lapsus, olvidos, actos fallidos, síntomas y en todas aquellas formaciones donde algo del sujeto se dice sin que éste lo sepa.
Freud ya había descubierto los mecanismos del inconsciente: desplazamiento, condensación. Lacan aporta una formalización de esos mecanismos desplegándolos mediante el uso de otras herramientas teóricas para mostrar al auditorio de su época cómo el inconsciente funciona según las leyes del lenguaje: metáfora, metonimia.
Entre sus principales aportaciones podemos destacar:
- La formulación del inconsciente estructurado como un lenguaje.
- La distinción entre los registros de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario, fundamentales para pensar la constitución subjetiva.
- La fase del espejo.
- La importancia del significante en la producción del sujeto.
- El desarrollo de la teoría del deseo y del goce.
- La transmisión del psicoanálisis y la posición ética del analista.
Pero quizás la mayor enseñanza de Lacan fue recordarnos que el psicoanálisis no puede convertirse en una técnica de adaptación social. El psicoanálisis trabaja con el deseo inconsciente y con la singularidad irreductible de cada sujeto.
Ahora bien, la historia del psicoanálisis no termina con Lacan.
Toda ciencia viva continúa desarrollándose.
Freud produjo un verdadero continente científico al descubrir el inconsciente y fundar una nueva ciencia del sujeto.
Lacan realizó una lectura rigurosa de Freud, restituyendo la importancia del lenguaje, del significante y del deseo inconsciente.
Pero el desarrollo del psicoanálisis no se detiene ahí. Entre las aportaciones contemporáneas más relevantes al psicoanálisis debemos destacar la obra de Miguel Oscar Menassa, poeta, médico y psicoanalista, fundador de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero.
La principal aportación de Menassa al campo del psicoanálisis es la articulación entre Poesía y Psicoanálisis.
No se trata de aplicar la poesía al tratamiento analítico, ni de considerar la poesía como una terapia. Se trata de comprender que la poesía constituye un verdadero instrumento de conocimiento para la ciencia.
Freud descubrió que el inconsciente habla. Lacan formuló que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Y Menassa dirá, si el inconsciente está estructurado como un lenguaje, será una cosa y si está estructurado como la poesía, será otra.
Menassa da un paso más y plantea que tanto la Poesía como el Psicoanálisis son máquinas productoras de inconsciente, aunque lo hacen en registros diferentes.
La poesía se escribe desde lo inconsciente a nivel de la escritura. Es la poesía la que escribe la verdadera historia de los pueblos. Allí donde la historia oficial narra acontecimientos, la poesía muestra a hombre futuro cómo nos hicieron vivir. Revela el deseo humano, y captura lo que se sabe de una época pero todavía no está puesto en palabras. En ese sentido, la poesía abre el camino para la ciencia, porque se adelanta, puede capturar lo que todavía no se ha puesto en palabras. Y además, la poesía puede combinar cualquier palabra con cualquier palabra, por lo que va produciendo combinaciones novedosas nunca antes articuladas y abriendo puertas a nuevos pensamientos para la humanidad.
El psicoanálisis, por su parte, produce un sujeto psíquico. La interpretación analítica es también una forma de escritura: escribe la historia de deseos de un sujeto singular, permitiéndole acceder a aquello que, hasta ese momento, permanecía desconocido para él.
Menassa dice la escucha en psicoanálisis ha de ser poética (de todas las formas posibles de combinar las palabras, el paciente elige unas determinadas: hay combinaciones de palabras que le dan miedo, que le dan alergia, que le dan odio, etc). La interpretación en cambio debe ser psicoanalítica.
Si Freud descubrió el continente científico del inconsciente, Lacan y Menassa realizaron aportaciones a ese nuevo campo científico, ampliando sus posibilidades de investigación y producción. Por eso el psicoanálisis, como toda ciencia, es una ciencia viva, en permanente construcción.
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