Buenas tardes, bienvenidos a Espacio de psicoanálisis y salud mental.
Hoy vamos a responder a una pregunta preciosa que nos ha llegado de uno de nuestros seguidores:
¿Qué es la historia de deseos? ¿Y cómo se acomodan los deseos infantiles y reprimidos en esa historia de deseos?
Empiezo por lo primero:
la historia de deseos no es algo que uno traiga ya escrito.
No es una biografía sentimental, ni una cronología de traumas, ni un relato psicológico de “me pasó esto y por eso soy así”.
La historia de deseos es una construcción del análisis.
Se va produciendo en la experiencia analítica, a través del método psicoanalítico que Freud llamó interpretación–construcción.
Es decir: el analista no se limita a escuchar “problemas”, sino que va interpretando los deseos inconscientes que se manifiestan en los síntomas, en los sueños, en los lapsus, en las elecciones de pareja, en los fracasos repetidos, en las enfermedades, en los bloqueos profesionales.
Y entonces ocurre algo muy importante:
un deseo + otro deseo + otro deseo + otro deseo…
van dibujando una lógica, una coherencia, una dirección.
Eso es la historia de deseos:
cómo fue que este sujeto deseó para llegar hasta aquí,
cómo fue que deseó para elegir esta pareja,
este trabajo,
este síntoma,
esta forma de sufrir,
y finalmente…
cómo fue que deseó para llegar hasta el diván de un psicoanalista.
No es un relato moral.
No es un juicio.
Es un desciframiento.
Y conocer la propia historia de deseos produce algo decisivo:
autoconocimiento real
y con él, posibilidad de autotransformación.
¿Por qué?
Porque mientras el deseo es inconsciente,
nos gobierna mientras tú eres ciego a esa sobredetermianción a ese gobierno.
Decide por nosotros.
Nos hace repetir siempre lo mismo creyendo que “no tenemos elección”.
Pero cuando ese deseo pasa a ser conocido,
cuando se vuelve palabra, pensamiento, elaboración…
ya no es solo un saber inconsciente.
Se convierte en conocimiento.
Y ahí cambia todo.
Ahora bien, segunda parte de la pregunta:
¿cómo se acomodan los deseos infantiles y reprimidos en esa historia de deseos?
Y aquí es importante ser muy claros:
los deseos no se acomodan.
No se ordenan solitos.
No se “curan” pensando positivamente.
Los deseos se domeñan.
Se domestican.
Se transforman por el hecho mismo de ser conocidos.
Porque el psicoanálisis no elimina deseos.
No los borra.
No los moraliza.
Hace algo mucho más potente:
te permite hacer otra cosa con ellos.
Por ejemplo —y lo digo sin rodeos—
todos llevamos deseos infantiles muy poco amables:
el deseo de matar al padre para yacer con la madre,
el deseo de saltarnos la ley,
el deseo de negarla, forcluirla,
el deseo de hacer algo prohibido,
el deseo de poseer al otro en exclusiva,
el deseo de destruir al rival,
el deseo de no compartir,
el deseo de tener razón siempre.
Eso no es patología.
Eso es estructura.
El problema no es tener esos deseos.
El problema es no saber que los tenemos
y que entonces actúen a nuestras espaldas.
Cuando uno los conoce,
ya no está obligado a obedecerlos ciegamente.
Puede elegir qué hacer con ellos.
Y aquí pongo un ejemplo muy cotidiano:
los celos.
Una persona celosa suele decir:
“Yo soy así porque el otro me provoca.”
“Yo soy así porque me engañan.”
“Yo soy así porque tengo mala suerte en el amor.”
Pero el psicoanálisis escucha otra cosa:
en los celos hay deseos.
Deseo de posesión.
Deseo de exclusividad.
Deseo de ser todo para el otro.
Deseo de eliminar al tercero.
Cuando uno reconoce eso como propio —sin culpa, sin vergüenza—
empieza a aprender de sí mismo.
Y entonces puede pasar algo nuevo:
en vez de vigilar, controlar, prohibir, sabotear la relación…
puede incluirse en la situación que le produce celos.
Puede desear de otra manera.
Puede participar.
Puede crear una escena distinta.
No porque se vuelva “bueno”.
Sino porque ahora sabe lo que desea
y puede decidir qué hacer con eso.
Y así, poco a poco,
va cambiando lo que llamamos la sobredeterminación inconsciente:
esa red de deseos reprimidos que empuja siempre hacia los mismos resultados.
Por eso el psicoanálisis no es solo para “estar mejor”.
Es para vivir distinto.
Porque cuando conoces tu historia de deseos,
ya no eres solo un personaje atrapado en su guion infantil.
Empiezas a ser autor de una nueva escena.
Y esto es muy importante subrayarlo:
esto se consigue en análisis.
No leyendo libros.
No entendiendo teorías.
No escuchando vídeos motivacionales.
Se consigue hablando libremente,
en transferencia con un psicoanalista.
Porque el psicoanalista no es un consejero
ni un coach
ni un amigo profesional.
El psicoanalista ocupa una función.
Y con su deseo va a sostener esa relación analítica
para que tú puedas decir lo que no sabías que sabías,
escuchar lo que no querías oír
y empezar a tolerar —poco a poco—
lo que es más conveniente para ti
de acuerdo con tu propio deseo.
No de acuerdo con la moral.
No de acuerdo con lo que “deberías ser”.
No de acuerdo con lo que esperan de ti.
De acuerdo con tu deseo.
Si algo de esto te suena,
si reconoces que algo en tu vida se repite,
si sientes que hay algo en tu vida que siempre vuelve al mismo punto…
Tal vez no sea mala suerte.
Tal vez sea tu historia de deseos pidiendo ser construida.
Y eso, aquí, se puede empezar a trabajar.
Escríbeme.
Pide una primera entrevista.
El único lugar donde realmente puedes conocer y transformar tu historia de deseos es en el diván de un psicoanalista.
Te espero.
Virginia Valdominos. Psicóloga y Psicoanalista del Grupo Cero
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