La repetición de amistades que se alejan sin aparente causa y el duelo por esa amistad.
¿Cómo estar en la mejor posición para sustituir ese vacío?
Buenas tardes, y bienvenidos a una nueva edición de Espacio de Psicoanálisis y Salud Mental. Hoy es lunes 13 de abril de 2026. Son las 20:00 en punto en España, y como cada lunes, aquí estoy, Virginia Valdominos, psicóloga general sanitaria y psicoanalista de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero.
Gracias por estar ahí, en Facebook y en YouTube. Ya saben que este espacio no es para dar recetas mágicas ni consejos de autoayuda rápida. Aquí pensamos, aquí hablamos, aquí nos hacemos preguntas acerca de cómo funciona nuestro aparato psíquico y de cómo cuidar nuestra salud mental. Porque la salud mental no se construye con frases bonitas, sino con trabajo de análisis.
Hoy vamos a responder una pregunta que me han enviado desde la comunidad uno de nuestros seguidores. Es una pregunta que dice así:
«La repetición de amistades que se alejan sin aparente causa y el duelo por esa amistad. ¿Cómo estar en la mejor posición para sustituir ese vacío?»
Antes de entrar en materia, quiero hacer una pausa y agradecer a quien ha enviado esta pregunta. Porque hablar de amistades que se van, sin explicación, y del vacío que dejan… es hablar de una herida muy silenciosa. Hoy vamos a ponerle palabras.
Vamos a empezar por lo primero: la pregunta ya contiene un deseo…. Porque pide cómo sustituir ese vacío. Y ahí está el peligro. La cultura actual, la del rendimiento, la del consumo, nos ha enseñado que el vacío es un error, un fallo técnico que hay que parchear rápido.
Pero el psicoanálisis dice que el vacío no se puede parchear, sino que es constitutivo del aparato psíquico. Gracias a ese vacío deseamos, creamos, crecemos. El vacío nos sostiene. Y la relación con ese vacío se puede trabajar.
Porque cuando hablamos de amistades que se alejan sin causa aparente… ¿de verdad no hay causa? ¿O es que la causa es inconsciente? Y ahí está el primer punto: la repetición. Usted dice: «repetición de amistades que se alejan». Eso no es un accidente. Eso es un síntoma. Y el síntoma, queridos amigos, es la forma que tiene nuestro inconsciente de hablarnos cuando no podemos decir algo con palabras.
Así que hoy no vamos a buscar cómo tapar ese vacío. Vamos a preguntarnos: ¿qué produce ese vacío? ¿Qué se va con cada amistad que se aleja? ¿Y por qué vuelve a ocurrir?
Vamos por partes.
Primero: el duelo por una amistad que se aleja sin explicación.
La amistad no es un vínculo menor. El psicoanálisis ha hablado mucho del amor, de la pareja, de la familia… pero la amistad también está hecha con vínculos libidinales, solo que coartados en su fin. Elegimos a los amigos sin la obligación del deseo sexual ni la sangre. Por eso duele tanto cuando se va. Porque no hay manual de duelo para amigos.
Y si encima se van sin causa aparente, el duelo se complica. Porque no hay un cuerpo para llorar, no hay un «se acabó» claro. Hay un fantasma: «¿qué hice mal?», «¿por qué no me lo dijo?», «¿será que nunca me quiso de verdad?».
Segundo: la repetición.
Si esto le ha pasado más de una vez, tenemos que dejar de preguntarnos «por qué ellos se van» y empezar a preguntarnos «qué lugar ocupo yo en esa despedida». No para culparse, sino para responsabilizarse. El inconsciente repite porque lo único que quiere es transformar. Y puede ser que esté eligiendo amistades que, por su propia estructura, no pueden quedarse. Personas que huyen de la intimidad, que desaparecen cuando hay conflicto, que solo están en la fiesta pero no en otras situaciones.
Usted no las elige por casualidad. Las elige porque, en algún lugar, eso le resulta familiar. Y lo familiar, aunque duela, da seguridad.
Así que la pregunta no es «cómo sustituir el vacío». La pregunta es: ¿qué vacío previo existía ya antes de que esas amistades llegaran? Porque si usted tiene miedo al abandono, probablemente busque personas que terminen abandonándole. Y así se confirma la profecía: «ya sabía, todos se van». Pero atención: eso no es una verdad universal. Es un guion que su inconsciente ha escrito y que usted representa una y otra vez. Probablemente apunta a una pérdida anterior (una pérdida original) que usted no puedo elaborar o aceptar.
Llegamos al corazón de la respuesta.
Usted pregunta: «¿cómo estar en la mejor posición para sustituir ese vacío?».
Mi respuesta, como psicoanalista, es: no intente sustituirlo.
Porque si usted quiere tapar el vacío con otra amistad, con una actividad, con un logro laboral, con una compra, con cualquier objeto… lo tapado vuelve. Siempre vuelve. En forma de ansiedad, de insomnio, de tristeza, o de otra amistad que volverá a alejarse.
La posición más fuerte, es psicoanalizarse: dejar que el vacío esté. Y preguntarle algo al vacío. No con miedo, sino con curiosidad.
¿Qué dice ese vacío de mí?
¿Qué parte de mí se fue con esa persona?
¿Qué parte de mí no ha elaborado todavía la pérdida?
¿Qué me impedía ver que esa amistad ya estaba ahí para irse?
El vacío no es un enemigo. Es un espacio. Y un espacio puede ser un lugar de creación. De pensamiento. De deseo nuevo.
Piense en esto: cuando una amistad se va, algo se muere. Pero también algo puede nacer. No inmediatamente, no por decreto. Pero si usted es capaz de sostener la ausencia sin correr a llenarla, algo en usted cambia. Se vuelve más verdadero. Menos dependiente. Más libre.
Y ahí está la paradoja: solo cuando deja de buscar desesperadamente amistades para no estar solo, empieza a ser alguien con quien merece la pena tener una amistad de verdad.
Ahora, para terminar, quiero dejarles algo que puedan llevar a su vida esta semana:
Tarea para esta semana:
- Escriba una carta que no va a enviar. A esa última amistad que se fue. Sin censura. No para echarla en cara, sino para decirle lo que no pudo decir en su momento. Esa carta es para usted, no para ella.
- Pregúntese: ¿qué hago yo para que la gente se vaya? No desde la culpa, desde la curiosidad. Quizá no es que usted haga algo «mal». Quizá es que usted busca personas que no saben quedarse. Y eso, amigo mío, se analiza.
- Permítase el vacío 10 minutos al día. Siéntese sin teléfono, sin ruido, sin nada. Y mire las estrellas (o el techo). El vacío no mata. Lo que mata es correr siempre huyendo de él. Quien solo mira lo que perdió, no ve lo que llega.
- Y lo más importante: no convierta el duelo en un monumento. Mucha gente se queda a vivir en el dolor de la amistad perdida porque, paradójicamente, ese dolor le da identidad. «Soy el que fue abandonado», «soy el que sufre por esa amistad». Esta semana, cada vez que se sorprenda reconstruyendo la misma historia de pérdida, dígase a sí mismo: «ya está. Ahora toca otra cosa». No es traicionar. Es vivir.
- Sustituir no es olvidar. Sustituir es reconocer que el deseo es móvil, que el amor no se acaba, se desplaza a otro objeto. Y quien no se atreve a sustituir, se queda atrapado en un duelo que no es lealtad, es inercia. Así que hay que sustituir, pero sobre todo hay que sumar. Un amor y otro. Una amistad y otra. Una pasión y otra. Si tiene varios amigos y uno se va, siempre le quedarán otros.
Y llegamos al final de este Espacio de Psicoanálisis y Salud Mental.
Quiero agradecer de nuevo a la persona que hizo esta pregunta. Porque hablar de la amistad, del duelo, de la repetición… es hablar de lo más humano que hay.
Recuerden: el vacío no se sustituye. Es constitutivo. Gracias a él podemos desear. Lo que podemos sustituir es un objeto perdido, por otro objeto perdido, pero después de hacer una elaboración de la pérdida, aceptar la pérdida y encontrar otro objeto (amigo) para amar.
Si usted siente que la pérdida se repite una y otra vez, si nota que el vacío se ha vuelto un compañero constante, si las respuestas rápidas ya no le sirven… quizá es momento de empezar un psicoanálisis. No porque esté «enfermo», sino porque quiere vivir mejor los años futuros.
Yo soy Virginia Valdominos, psicóloga general sanitaria y psicoanalista de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero. Y atiendo tanto en consulta presencial como online.
Si quiere comenzar su propio análisis, escríbame. Pueden hacerlo por Facebook, por los comentarios de este vídeo, o por los datos que están en la descripción. No deje para mañana lo que su inconsciente le está pidiendo escuchar hoy.
El próximo lunes, a las 20:00, volvemos. Con otra pregunta, otro síntoma, otra oportunidad de pensar.
Hasta entonces… cuiden el vacío. No lo tapen. Escúchenlo.
Por eso, quizá, ha llegado el momento de comenzar tu psicoanálisis.
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